Cómo y dónde vivir la cultura de los cafés de Viena

Cuando se piensa en un buen café, puede que Viena no sea el primer destino que le venga a la mente. Pero lo cierto es que Viena mantiene una relación vasta e histórica con la bebida caliente favorita del mundo. Nadie domina el arte del café y las cafeterías como Viena y sus casas de café.

Así es: aquí no las llaman cafeterías, sino casas de café (Kaffeehäuser). Se encuentran por toda la ciudad: locales de aspecto antiguo donde los camareros de traje o esmoquin siempre le harán sentir que no va lo suficientemente elegante, y donde los bancos de terciopelo, las mesas redondas de mármol y los grandes espejos antiguos de la pared le harán sentir como si protagonizara un viejo clásico de la gran pantalla.

Y luego están las tartas y pasteles, que a menudo no se encuentran en la carta, sino en una vitrina situada en el centro de la cafetería, como algo muy valioso digno de admirar. Por suerte, también puede pedir y devorar estos preciosos dulces.

Un poco de historia sobre la Casa de Café
Las casas de café vienesas existen desde hace siglos. Escritores, políticos e incluso un famosísimo psiquiatra fumador de puros (sí, hablamos de Freud) tenían sus locales favoritos. Pasaban allí el tiempo, alternando con otros intelectuales y artistas o refugiándose tras un periódico, costumbres que siguen siendo la razón principal por la que la gente se queda durante horas en estas encantadoras instituciones locales.

Las mejores casas de café para visitar
Al explorar las mejores casas de café de Viena, no puede faltar la más famosa: el Café Central. Con un aspecto que recuerda más a un palacio que a una cafetería, sobran los motivos por los que los turistas acuden en masa y los lugareños siguen frecuentándola. Cuenta la historia que el mismísimo Freud solía reunirse aquí con su grupo de intelectuales. Cuando esté en el Café Central, no deje de probar uno (o varios, no se lo diremos a nadie) de los pasteles expuestos. Estas delicias dulces sencillamente divinas se elaboran en la propia pastelería del café.

 

 

 

Con un aspecto menos regio, más bien oscuro y algo desgastado por el paso de las décadas, se encuentra el auténtico Café Hawelka. Es el tipo de cafetería de sillas de madera que crujen y luz tenue, muy popular entre escritores y creativos de todo tipo. Este café histórico (no deje de leer su historia en la carta) es famoso sobre todo por sus camareros, que tienen —por decirlo diplomáticamente— formas algo bruscas con los clientes. Verá, ser camarero en Viena es una profesión muy respetada, y el equilibrio de poder entre el camarero y el cliente suele favorecer al primero. Bueno, al menos según los camareros. Lo que queremos decir es: no espere que le mimen en estas instituciones; en todo caso, ellos son los verdaderos expertos a los que hay que respetar en una casa de café.

 

 

Otra casa de café muy querida en el casco antiguo es el Kaffee Alt Wien, un local de aspecto retro y relajado donde pronto sentirá el impulso de liarse un cigarrillo y cambiar el café por una cerveza. Como ve, las casas de café vienesas no tratan solo del café, sino más bien de la atmósfera y de lo que representan: sentarse a descansar en un lugar tranquilo y disfrutar de la buena vida.

 

 

Los lugareños no solo visitan una casa de café para tomar café y tarta, sino que también acuden con la misma naturalidad a su lugar favorito para disfrutar de un Schnitzel y una cerveza. Las cartas cortas y sencillas de estos locales pueden satisfacer cualquier deseo culinario, desde las primeras horas del día hasta bien entrada la noche.

 

 

Si busca la experiencia de una casa de café fuera de las rutas turísticas, puede aventurarse fuera del centro de la ciudad para visitar el Café Jelinek. Este café, que debe su nombre a una famosa dramaturga austriaca, es tan encantador como la voz de Humphrey Bogart.

Algunos consejos para disfrutar plenamente de la experiencia de los cafés vieneses…

Pruebe un Melange vienés
Sea cual sea la casa de café que visite, asegúrese de cambiar el capuchino por un Melange (una adaptación vienesa del clásico italiano), o pruebe una de las creaciones de café únicas inventadas en Austria, como el Einspänner, que es básicamente un café moca negro con nata montada por encima (se supone que la nata mantiene el café caliente durante más tiempo y es la bebida tradicional de los conductores de carruajes de caballos de la ciudad).

No tenga prisa
Las casas de café están hechas para quedarse horas y horas, así que asegúrese de tomarse su tiempo y disfrutar de todo durante su visita. Es perfectamente normal quedarse en una cafetería toda la tarde, pedir un café y leerse media novela. Nadie le meterá prisa para que se vaya ni para que pida más. No lo interprete como si el camarero le ignorara, sino más bien como que le está dejando a su aire.

No cuente con conexión WIFI y lleve dinero en efectivo
El tiempo se ha detenido literalmente en estos cafés, lo que significa que muy pocos aceptan tarjeta o disponen de una conexión WIFI estable. Lo cual no es necesariamente malo, ya que, como decíamos, las casas de café vienesas consisten en disfrutar de la buena vida, lejos del estrés y los problemas del mundo exterior.

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